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Comentarios literarios

domingo, julio 16, 2006

LA ARQUITECTURA SUBTERRANEA

LA ARQUITECTURA SUBTERRÁNEA. Una imagen poética del espacio interior
por: Arq. José Carlos Martín Gallardo Ulloa


Analizar la arquitectura subterránea a través de Gastón Bachelard y la Poética del espacio, es aproximarse fenomenológicamente a los valores esenciales brindados en este espacios protegidos con y en la tierra.

Las diversas imágenes poéticas que en el espacio subterráneo se producen, se convierten al experimentarse, en un juego dialéctico y elocuente de sentimientos y ensoñaciones, que no se viven tan intensamente en la arquitectura convencional de la superficie. Se conjugan en estos espacios enterrados, valores ontológicos del habitar del hombre, un sentido primigenio de la casa, la caverna, donde el ser humano busca el refugio natural en la misma naturaleza, exaltándose diversas sensaciones y emociones.

Existe en esta arquitectura, una fuerte dialéctica entre el espacio interior y el exterior, o como dice Bachelard, en lo de dentro y lo de fuera, encontrando matices no necesariamente contrapuestos, una transformación cualitativa del espacio que involucra conexiones y delimitaciones graduales.

El carácter simbólico de lo enterrado, nos conduce también a un sentido de encuentro y de génesis de toda vida. La fuerza metafísica de sus valores trasmiten al hombre un mundo mágico y de misterio, siendo su experiencia fenomenológica un despertar y descubrir constante.

Asimismo, el espacio subterráneo expresa valores espaciales ontológicos de refugio, protección y defensa, encontrados por Bachelard en su imagen fenomenológica de la concha, los cuales han estado presentes desde la antigüedad y que actualmente son valores que sustentan la elección de este tipo de hábitat.

Las diferencias presentes entre los espacios interior y exterior en la arquitectura han sido siempre motivo de controversia y polémica. En el sentido estrictamente formal y geométrico, esta dialéctica se enfrentan en una oposición ontológica. Bachelard nos dice, "desde el punto de vista de las expresiones geométricas, la dialéctica de lo de fuera y de lo de dentro, se apoya sobre un geometrismo reforzado donde los límites son barreras" (1).

Aparentemente en la arquitectura subterránea, estas barreras geométricas son evidentemente poderosas, pero la experiencia y caso existentes comprueban que no es necesariamente así, muchas veces la geometría es una arma que conlleva a una integración y conversación mucho más franca entre el interior y el exterior, que no se da en algunas arquitecturas de la superficie.

El punto de encuentro entre un exterior y un interior es el acceso, y en él se pueden realizar experiencias e imágenes poéticas de diversa índole, un acceso no es siempre expresión de lo cerrado y lo abierto, permite también una secuencia espacial, donde el sentido de lo exterior y lo interior se va perdiendo o se va transformando, un verdadera metamorfosis del ingreso hacia dentro. Bachelard dice, "la puerta es todo un cosmos de lo entreabierto" (2).

En la arquitectura subterránea, podemos encontrar desde civilizaciones muy antiguas hasta las actuales, una variedad tipológica espacial y de relación entre el interior y el exterior. Existen casos de lo tajante, lo contrapuesto, donde el exterior termina, comienza el interior. También existen espacios intermedios y la experiencia espacial de ingreso es tamizada y fluyente, a través de patios o rampas. Uno va ingresando a lo subterráneo sin darse cuenta de ello, aunque se está descendiendo del nivel superficial, aún se puede sentir el firmamento cubriendo nuestro espacio.

La contraposición de valores espaciales de un exterior y un interior enterrado, no está siempre regido a criterios contrapuestos de grandeza y pequeñez o de infinitud y finitud. Poéticamente, los valores asociados a lo exterior también los puede poseer un interior de alguna manera, "... la miniatura (o lo enterrado) sabe almacenar grandeza. Es vasta a su modo" (3).

El carácter interno del espacio subterráneo posee dimensiones y valoraciones estéticas particulares. La mezcla de nuevas sensaciones involucradas en la experiencia fenomenológica del espacio subterráneo ejercen variedad de reacciones en el hombre, las cuales no son negativas, y pueden ser en muchos casos, muy positivas y estimulantes.

Asimismo, el espacio externo de esta arquitectura, nos brinda una imagen poética de gran relación con la naturaleza y el paisaje. La conformación del paisaje por la mano del hombre, propicia una integración mucho más intensa, una vuelta a su origen, donde no se crea para destruir, sino para construir un entorno, un ambiente, un hábitat; procurar de esta manera un verdadero habitar en él. El exterior deja de ser infinito e inalcanzable, para convertirse en un medio tangible, una extensión del interior, un lugar para coexistir con la naturaleza.

En este caso, la arquitectura subterránea no es sólo un ocultarse de, sino u protegerse para. Una dotación en una sola obra arquitectónica de una multiplicidad de opciones de vivencia, de experiencia del espacio arquitectónico. El exterior no es ya el enemigo, como en algunas situaciones de clima agreste, es ahora también, la arquitectura producto de necesidades psíquicas de vivir más intensamente su hábitat.

Gastón Bachelard, en su búsqueda poética del espacio interior, refiere a los valores encontrados en la imagen poética de la concha y esos conceptos son concordantes a los ofrecidos por la arquitectura subterránea, en su espacialidad interior y relación con el exterior.

El crecimiento espiral de dentro hacia fuera es una cualidad esencial de estos moluscos, que se compara con la ontogénica formación espacial de la arquitectura subterránea. La secuencia y configuración espacial interior subterránea, está esencialmente planteada desde un excavar el interior y buscar el exterior. Es la conexión de dos mundos opuestos ontológicamente, que quieren encontrarse y coexistir.

En este concepto, la concha de Bachelard, refiere a una salida, una dialéctica del surgimiento, nos dice, "todo es dialéctica en el ser que surge de una concha y como no surge todo entero, lo que sale contradice a lo que queda encerrado. Lo posterior del ser queda encarcelado en formas geométricas sólidas" (4).

En estos conceptos y valores de la concha, y el surgimiento y salida del molusco que lleva dentro, nos hace pensar que en la arquitectura subterránea existe también una perenne dualidad espacial y experiencial, que conecta el interior excavado con la superficie, una permanente dialéctica de un despertar, de un volver a ser lo que se ha sido.

El espacio interior enterrado se convierte en el opuesto del espacio libre exterior, en el negativo del volumen saliente en la superficie.

Bachelard dice, "el ser que se esconde, el ser que se centra en su concha, prepara una salida... las evasiones más dinámicas se efectúan a partir del ser comprimido" (5). Asimismo, en la energía de la salida del dicho molusco, nos aclara las imágenes subterráneas envueltas en una energía visual contiendo una dialéctica de lo oculto y lo manifiesto, lo encadenado y lo libre, lo pequeño y lo infinito. Esta oposición es mucho más clara y poderosa en este tipo de arquitectura.

El crear ensoñaciones en una concha, nos transporta a la esencia de ésta como origen de la vida. La tierra como analogía de lo anterior, es el medio principal de fecundidad y de despertar a un mundo nuevo. Desde la antigüedad y en diversos pueblos del mundo, se ha tomado a la tierra como símbolo de la vida, la gestora de ella, la cavidad y fase de nacimiento a otra vida no terrenal, una relación dialéctica cosmológica del encierro y libertad, o de lo dormido y lo despierto.

Tierra, devuélveme tus dones puros
las torres del silencio que subieron
de la solemnidad de sus raíces:
quiero volver a ser lo que no he sido,
aprender a volver desde tan hondo
que entre todas las cosas naturales
pueda vivir o no vivir: no importa
ser una piedra más, la piedra oscura,
la piedra dura que se lleva el río.

(Pablo Neruda, Tierra)

Asimismo, Bachelard, nos conduce por los pasajes poéticos de la concha, como valor esencial del hábitat humano, el valor ontológico del refugio.

En este refugio o casa - concha, como él lo llama, permite encontrar también en los orígenes del espacio subterráneo, el valor esencial de la casa natural, la búsqueda de abrigo y protección, así como de encierro y tranquilidad, en donde la soledad es acrecentada por la completa configuración del espacio envolvente, y donde habitar la oquedad terrestre permite encontrarse con uno mismo en privacidad, aislamiento y reposo. "Habitar solo !gran sueño¡ la imagen más inerte, la más físicamente absurda, como la de vivir en la concha, puede servir de germen a un tal sueño".(6)

Otro valor concordante y análogo a lo dicho por Bachelard en su Poética del espacio, con respecto a la arquitectura subterránea, es el sentido de protección que la concha contiene frente a un exterior agresivo, procurando una defensa a toda amenaza.

En lo subterráneo, existe también el criterio de defensa como esencia del resguardo de la tierra. Este elemento natural propicia una protección climática singular y poderosa por su inercia térmica, aunque también ese sentido de ocultación bajo la oquedad terrestre, permite defensas de otra índole como de guerras, plagas, etc.

El espacio interior subterráneo se convierte pues, en la propia concha que defiende lo que está dentro de la amenaza de lo que está afuera, una ensoñación de protección.

Bachelard también incluye en sus reflexiones, imágenes poéticas del espacio gruta concha. En él se vierten ensoñaciones de misterio, miedo, peligro, etc., producto de la experiencia de su ingreso y asomo.

En la arquitectura subterránea, se evidencia este carácter elocuentemente. El miedo el misterio es parte integrante de la experiencia de encontrarse con una oquedad terrestre, una ocultación de lo que esta visible, una imagen de lo oscuro y lo desconocido. Leonardo Da Vinci en su reflexión sobre la caverna nos dice:

Y arrastrado por un ardiente deseo, e impaciente por ver la gran cantidad de formas diversas y raras creadas por la habilidad de la naturaleza, estuve un buen rato dando vueltas entre las sombrías rocas, hasta que me encontré en la boca de una caverna ante la que me quedé un tanto confuso, pues ingnoraba de que pudiera tratarse, y allí permanecí con la cintura arqueada, la mano izquierda apoyada en la rodilla y la derecha a modo de pantalla ante las fruncidas cejas. Y volviéndome varias veces a uno y otro lado para ver si allá adentro podía vislumbrar algo, lo que me impedía la grande oscuridad que allá dentro reinaba. Estuve algún tiempo hasta que de pronto surgieron dos cosas a la vez: temor y deseo; temor por lo amenazador y oscuro de la gruta, y deseo de ver si allá dentro había alguna cosa maravillosa.

(Leonardo Da Vinci, La caverna)

Bachelard, hace referencia explícita a la subterraneidad del espacio en la arquitectura, y brinda ensoñaciones de misterio y miedo, "la gruta - concha es aquí una ciudad fortaleza para un hombre solo, para un gran solitario que sabe defenderse y protegerse con simples imágenes. No hacen falta barreras ni puertas de hierro: dará miedo entrar..."(8).

Todas estas emociones son experimentadas en este tipo de arquitectura. La aventura de vivir distintos espacios y producir distintas sensaciones, hace de su experiencia una opción verdaderamente viable e interesante. La arquitectura subterránea por tanto, se encuentra en una posición bastante expectante en este presente de tecnología avanzada, como si el hombre llegase después de tanto andar al punto de partida y como si sintiese que la esencia de las cosas están realmente en donde comenzaron, pues comenzaron natural y sinceramente.

Déjame un subterráneo,
un laberinto donde acudir después,
cuando sin ojos, sin tacto,
en el vacío quiera volver a ser
o piedra muda o mano de la sombra.
Yo se, no puedes tú, nadie, ni nada,
otorgarme este sitio, este camino,
pero, que haré de mis pobres pasiones
si no sirvieron en la superficie
de la vida evidente
y si no busco, yo, sobrevivir,
sino sobremorir, participar
de una estación metálica y dormida
de orígenes ardientes.

(Pablo Neruda)
NOTAS

(1) Bachelard, Gastón. La poética del espacio. FCE, México, 1975, p.254
(2) Op. cit., p. 261
(3) Op. cit., p. 254
(4) Op. cit., p. 143
(5) Op. cit., pp. 146-147
(6) Op. cit., p. 159
(7) Op. cit., p.167



BIBLIOGRAFÍA


- Bachelard, Gastón. La poética del espacio. Trad. Ernestina de Champourcin. Fondo de Cultura Económica, Breviarios. México D.F. 1975.
- Senosiain, Javier. Bioarquitectura: en busca de un espacio. Editorial Limusa, México D.F., 1996.
- Neruda, Pablo. Odas elementales. Editorial Losada. Buenos Aires, 1958.












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