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domingo, septiembre 09, 2012

Fragmento "De tu sangre cautiva"



PÁJAROS SOLITARIOS

(Pág.99)

Nunca como hoy había andado Isabel por páginas borrosas semejantes a un nido de pánico. En las pesadas sombras que la anegan, los árboles desnudos la acogen. Y todo por un niño inerme que alborotó su infancia, los años púberes. Un niño convertido en hombre. Poeta. Un hombre que la desestabiliza. Vaya encrucijada la de esta mujer, sola por opción, abandonada de hijos, abandonada de amores, herida por el texto que la descubre. El hombre nunca puede saber qué debe querer, dijo Kundera, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. ¿Es mejor estar con Pedro o quedarse sola?     Disyuntiva de difícil resolución. Sentada en el sillón tiene los ojos fijos en el techo. La composición literaria estaba para ella, apenas esbozada. Todo de nuevo, se decía y permanecía estática como un pájaro solitario que urde palabras en el cosmos, el polvo y la sal de sus alas exterminan la sangre, la sangre de las calles del orbe.   El nombre de Pedro camina sobre el oleaje de su cuerpo y cientos de francotiradores han tirado perdigones en su espíritu. ¡He sido yo! exclama Isabel, de pronto, se levanta del sillón y camina hacia el escritorio, al teclado, y son rayos los que salen de sus manos hurtando palabras a su inconciencia. La novela continúa  con o sin él. Está decidido. El arma había querido disparar sobre Pedro. Terminar con su vida para que el relato no siguiera. El propio Pedro la sostenía entre sus manos, la sustenta en ese deseo de convertir su amistad en algo más, pero iba aún más allá, quería arrasar con Isabel la culpable de su protagonismo, la creadora de ese texto estrafalario que pretendía retratarlo ¡Cómo si lo mereciera! Dijo él, exhausto por la batalla. Isabel mantuvo la ceremonia ante el monitor, con los ojos fijos en la pantalla de múltiples píxeles grises y no puede enhebrar las palabras. Una higuera seca se refleja en el cíclope y la frustración la envuelve. Piensa que no es una gran escritora y cuestiona lo que su mente elabora. Hay unos libros encima del escritorio, los coge y empieza a leer algunos fragmentos, al descuido. Revisa a Kundera, Montero, Donoso, busca auxilio. Un breve cabo de hilo, algo que haga estallar las palabras, que se confunden y escapan. Ella tomó una decisión, pero el protagonista sigue eludiendo ser mencionado, no logró eliminarse, pero corre, corre como un ladrón sorprendido en el acecho de su presa. Isabel comprende que no puede liberarse del te amo de Pedro. Que la angustia se ha paralizado. Está encarcelada por un sentimiento que rechaza. No sólo porque cree que el amor entre dos personas que aman la escritura, es complicado y destructivo sino que la amistad y sólo la amistad, se desentiende de las cuestiones de propiedad: mientras que en el amor siempre está presente la problemática de la posesión, la amistad pareciera sellada por la desposesión. Frente a los amores que se tornan exclusivos y requieren exclusividad del otro, la amistad hace posibles los múltiples amores. Rilke indicó la relación entre el amor y la  desidentificación, mostrando cómo los amantes pierden todo forma de la conservación de sí: a veces el uno se anonada sólo para que el otro prevalezca, la reflexión sobre este conocimiento (adquirido en sus lecturas), la hace creer sólidamente que ella y Pedro son como pájaros solitarios que se unen temporalmente, es decir: Lo que los aproxima es a la vez, lo que los mantiene alejados: apartados de toda asimilación apropiadora del otro, de toda determinación de igualdad que nivela para dominar. Isabel se detiene un instante. Tal vez esto explica mi relación con Pedro: somos como las naves que en medio del mar del devenir celebran juntas una fiesta, para después aprontarse a la partida. Y eso es para mí lo cautivante, lo que colma mi espíritu, completa la paz. Nadie es dueño del otro. Nos mantenemos libres para crear y reunir esporádicamente nuestras existencias posados en la longitud, anchura y profundidad del amor por la palabra. Isabel comprende que debe detenerse para dejar a Pedro encontrar el verdadero refugio, el puente que lo conduce al real amor. Escribe con la pasión que le caracteriza y ve a Pedro sentado en su cama del viejo departamento, con el notebook en las rodillas, el gato plomo lamiendo sus patas,  quizás ronronea a su lado, y él, el poeta, en el clímax de la resurrección creadora. La misma resurrección que origina la única fuerza que puede mantenerlos juntos por largo tiempo. El presente ha superado el pasado.


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Collage -El camino de la poesía

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Obra poética y narrativa en la Historia de la Literatura Hispanoamericana de Polonia

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