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sábado, septiembre 08, 2012

Fragmento novela "De tu sangre cautiva"



CONJUGACIÓN

(Pág.19)



Enciendo la lámpara de escritorio. Escucho el llanto de la noche, el gimotear rítmico del aire tras los cristales, el viento como una navaja acerada rasgando la estratosfera resuena en la madrugada. Esta noche llueve intensamente sobre Lorenzo Arenas. No hay granizo. Viento, bastante viento y el agua impregna sin ningún pudor los techos y las calzadas de Concepción. Hoy, que ha empezado el verano es el azar el que toma las riendas de esta noche y  enlaza pensamientos a Pedro. Encuentro que es una persona bastante singular. Sufre. Escribe. Vive en las nubes. Muchas veces no tiene dinero ni para comer. Entonces ustedes preguntarán ¿Qué puedo admirarle? Yo responderé en tal caso: su perseverancia, la repulsión total a lo material. La capacidad de crear y el  desenfado que le permiten el intelecto y el espíritu con que fue dotado. Como una película añeja: amor por las letras: talento y hambre. Vaya conexión. Es el vínculo de los artistas, los creadores. Y no hablo de El perro andaluz de Buñuel. Esto es menos surrealista. El siglo veintiuno ha traído nuevos atropellos para los artistas y es a veces más estremecedor que observar en un film seccionar el ojo de una mujer con una navaja barbera o mirar como salen hormigas de un agujero putrefacto  de la mano de un hombre. Nada se convierte en erizo de mar. Es falta de valoración y  exacerbado materialismo. El mundo interior es el que se ve obstaculizado en el monótono acontecer cultural de la nación. No sé si me explico, hay muchas miradas al interior que son frustradas por el mercado: ojos de poetas, pies de bailarines, visión de cineastas y narradores. En este punto, Isabel se percata que se ha desviado del camino y retorna a Pedro para reflejar sin cejar su inquisición obsesiva. Tras una pausa reanuda su relato: hace tres días que no como.  Isabel lo mira y calienta un tazón de sopa, tuesta unas rebanadas de molde y las unta con mantequilla. Prepara un café bien cargado y saca de la alacena un paquete de galletas. Tritón. A él le gustan. Ella lo sabe. De pie al lado del ventanal del living fuma distraída,  el humo del cigarrillo se desvanece como babosa fragmentada hacia el blanco techo que la circunda. Observa con precaria atención a Pedro engullir los alimentos. Habla al tiempo que apaga el cigarro ¿Qué escribes? Él con la boca llena consulta ¿Cómo va tu narrativa? Esta escena es otra que se repite con frecuencia.

Isabel es ingeniera y novelista. Conjugación atípica. Inexplicable para los afilados colmillos de los literatos. Si, novelista. Una principianta comparada con Pedro, me parece escuchar el corrosivo comentario en la república de las letras. Se cree novelista. Pues como tal, la invitaron a Rancagua a un encuentro literario. Desde que arribó al Gran Hotel, donde alojarían varios escritores, escuchó hablar del Toti, el Toti es el presidente del grupo de Talca, el Toti ganó la beca de creación, el Toti repartió libros en Santiago luego del recital en Simpson, al Toti, lo quiero mucho. Con tanto Toti por aquí y por allá me dije debe ser muy interesante conocerlo, ¡Qué gran tipo que es!, al decir de varios de los congregados. Era noche de viernes, los convocados  estábamos en la cena en el restaurant La Pancha, financiada por la municipalidad, claro, y los comentarios sobre el Toti arreciaban. El no llegaba. Una dijo, llegará mañana temprano para estar con nosotros en la primera charla. Esa noche me acosté pensando al fin conoceré al famoso Toti. ¿Quién diablos será ese tipo? En mis años de literatura era la primera vez que lo escuchaba nombrar. A las nueve treinta estábamos todos en mitad del desayuno y un remolino de hombres y mujeres se amontonó en la entrada del comedor. Es el Toti, murmuró uno, yo estiré el cuello para mirar al menos  a lo lejos un ápice del famoso Toti, que a estas alturas me resultaba imprescindible conocer,  pero en ese momento el grupo se dispersó y  atónita, no encuentro otra palabra, excúsenme, observé la alta y delgada figura de mi ex compañero escolar. Pedro, de blue jeans y casaca de cuero negra,  melena rozando el borde de la camisa que alguna vez fue azul y barba descuidada, se movía a paso lento con su mochila a cuestas hacia una mesa donde tres mujeres le sonrían como si fuera Michael Douglas. Digo yo, Douglas es el único varón famoso que me resulta interesante, por no decir que es el único hombre que considero atractivo. No sólo por su película Atracción fatal  y su desparpajo sexual. En Pedro me llamaron la atención su paso cansino y rictus amargo. Isabel escribe: todos hemos sufrido el embate del tiempo, la vida laboral de Pedro no ha sido precisamente estable, tampoco su vida sentimental puede hablar de éxitos. Ni hablar de sus procesos creativos, lo dejan francamente hecho polvo, según sus propias palabras. Supongo que no me reconoció. Y no me reconoció hasta que alguien, no recuerdo quien, me presentó. Isabel, él es Toti. Toti: ella es Isabel, es de Concepción igual que tú. Un brillo ardió en sus ojos. Ese fue el reencuentro. La lluvia arrecia y el sueño cierra mis párpados. Debo dormir: subsistencia obliga. Apaga el computador envía a la cama al inspector acucioso con el mensaje se cierra la sesión, y se dirige al dormitorio, arroja la ropa en un sillón del living y piensa: mañana no sé que traerán a este recinto de encuentro los recuerdos y la añoranza. Se mira al espejo, la figura desnuda de una mujer que masajea un cuello adolorido esboza unas  buenas noches adormilada y perezosa mientras la navaja hostil de un viento que no cesa golpea los vidrios. En la calzada el aguacero persiste prepotente y agresivo como la furia de Dios o el odio al decir de Vallejo.
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Collage -El camino de la poesía

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Obra poética y narrativa en la Historia de la Literatura Hispanoamericana de Polonia

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