Todo comienza a suceder



Un repentino relámpago aterriza y fornica con mi nuca los pies danzan en la retina de la noche mi mano bucea el misterio de esa piel húmeda receptiva que como egregio canto desliza un sonido de gloria intermitente. Mano a mano sucede y el cuerpo fragmentado se acopla a la cadera del insomnio. Recostada en el piano de tu sueño enhebro cansancio a un temblor inesperado. Cierro los ojos. Sé que tu cuerpo se deshace entre mis manos como pájaro en el cielo. Ignoras el lamento que me unge y que dilata el espacio febril entre las sábanas. Pese a ello todo comienza. Apago la luz.

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